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Pico de Verapaz No. 435
Desp. 401-402
Colonia Jardines en la Montaña
Delegación Tlalpan,
México D.F., C.P. 14210
Tel. 4631-0070 al 73
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CELESTONE®

M S D

Solución inyectable

Denominación genérica: Betametasona.
Forma farmacéutica y formulación: Solución inyectable. Cada ml contiene: fosfato sódico de betametasona equivalente a 4,0 mg de betametasona. Vehículo cbp 1,0 ml.
Indicaciones terapéuticas: CELESTONE® está indicado para el tratamiento de diversas enfermedades reumáticas, del tejido conectivo, dermatológicas, alérgicas, endocrinas, oftálmicas, respiratorias, hematológicas, gastrointestinales, y de otros tipos, que responden al tratamiento corticosteroide. El tratamiento con hormona corticosteroide es un coadyuvante y no reemplaza la terapéutica convencional. Esta preparación está indicada cuando se necesita o desea un efecto corticosteroide rápido e intenso. Enfermedades osteomusculares y de los tejidos blandos: CELESTONE® puede administrarse como tratamiento coadyuvante para tratamiento a corto plazo (para sostener al paciente a través de un episodio agudo o una exacerbación) en casos de artritis reumatoide del adulto y artritis reumatoide juvenil, osteoartritis (después de traumatismo o sinovitis); artritis psoriásica; espondilitis anquilosante; artritis gotosa; bursitis aguda y subaguda; fiebre reumática aguda; fibrositis; epicondilitis; tenosinovitis no específica aguda; miositis; heloma. También puede ser útil en el tratamiento de tumores císticos de una aponeurosis o tendón (ganglión). Enfermedades del tejido conectivo: durante una exacerbación o como tratamiento de mantenimiento en ciertos casos de lupus eritematoso sistémico, carditis reumática aguda, escleroderma, dermatomiositis y arteritis temporal. Enfermedades dermatológicas: pénfigo; dermatitis herpetiforme bulosa, eritema multiforme (síndrome de Stevens-Johnson); dermatitis exfoliativa, micosis fungoide; psoriasis grave; eccema alérgico (dermatitis crónica); dermatitis seborreica severa. La administración intralesional está indicada para el tratamiento de queloides; lesiones hipertróficas localizadas, infiltradas, inflamatorias de liquen plano; placas psoriásicas; granuloma anular y liquen simple crónico (neurodermatitis), lupus eritematoso discoide; necrobiosis lipoide de los diabéticos; alopecia areata. Enfermedades alérgicas: control de afecciones alérgicas severas e incapacitantes que no responden al tratamiento convencional, como rinitis alérgica estacional o perenne, pólipos nasales, asma bronquial (incluso estado asmático), dermatitis por contacto, dermatitis atópica (neurodermatitis), hipersensibilidad a los medicamentos, reacciones a transfusiones, edema laríngeo agudo no infeccioso, enfermedad del suero. Enfermedades endocrinológicas: insuficiencia corticosuprarrenal primaria o secundaria (conjuntamente con mineralocorticosteroides, si se aplican); insuficiencia suprarrenal aguda; en el período preoperatorio o en caso de traumatismos o enfermedades graves en pacientes con insuficiencia suprarrenal conocida o cuando las reservas corticosuprarrenales son dudosas; choque que no responde al tratamiento convencional si existe o se sospecha insuficiencia corticosuprarrenal; adrenalectomía bilateral; hiperplasia suprarrenal congénita; tiroiditis aguda, tiroiditis no supurativa y crisis tiroidea, e hipercalcemia asociada con cáncer. Enfermedades oftálmicas: procesos alérgicos e inflamatorios severos, agudos y crónicos que afectan los ojos y sus anexos, como conjuntivitis alérgica, queratitis, úlceras marginales corneales alérgicas, herpes zóster oftálmico, iritis e iridociclitis, coriorretinitis, inflamación del segmento anterior, uveítis posterior difusa y coroiditis, neuritis óptica; oftalmía simpática. Enfermedades respiratorias: neumonitis por aspiración, sarcoidosis sintomática; síndrome de Loëffler que no puede tratarse por otros medios; beriliosis; tuberculosis pulmonar diseminada cuando se acompaña concurrentemente de quimioterapia antituberculosa apropiada. Enfermedades hematológicas: trombocitopenia idiopática y secundaria en adultos; anemia hemolítica adquirida (autoinmune); eritroblastopenia (anemia eritrocítica) y anemia hipoplásica (eritroide) congénita. Enfermedades gastrointestinales: para ayudar al paciente durante períodos críticos de colitis ulcerativa y enteritis regional (enfermedad de Crohn). Enfermedades neoplásicas: para el tratamiento paliativo de leucemias y linfomas en adultos; leucemia aguda en niños. Enfermedades renales: para inducir la diuresis o remisión de proteinuria en el síndrome nefrótico sin uremia; de tipo idiopático o el debido al lupus eritematoso. Choque: el principio del tratamiento corticosteroide coadyuvante en el choque se basa en los efectos farmacológicos más bien que en un reemplazo fisiológico. Edema cerebral (aumento de la presión intracraneal): los beneficios clínicos del tratamiento corticosteroide coadyuvante en el edema cerebral probablemente se deriven de la depresión de la inflamación cerebral. Los corticosteroides no deben considerarse como un reemplazo de procedimientos neuroquirúrgicos. Son de valor para reducir o impedir el desarrollo del edema cerebral asociado con traumatismo quirúrgico u otro traumatismo cráneo-encefálico, accidentes cerebrovasculares y tumores cerebrales primarios o metastásicos. Episodios de rechazo de aloinjertos renales: CELESTONE® ha demostrado eficacia en el tratamiento del rechazo primario agudo y del rechazo tardío clásico, conjuntamente con tratamiento convencional en la prevención de rechazo de trasplante renal. Uso antes del parto para prevención del síndrome de insuficiencia respiratoria en neonatos prematuros: CELESTONE® está indicado como tratamiento profiláctico de la enfermedad de membranas hialinas en neonatos prematuros cuando se administra a las madres (antes de la 32ª semana de gestación). Trastornos diversos: meningovasculitis tuberculosa con bloqueo subaracnoideo o bloqueo inminente cuando la administración se acompaña concurrente de quimioterapia antituberculosa apropiada; triquinosis con afección neurológica o miocárdica.
Farmacocinética y farmacodinamia: Los corticoesteroides sintéticos como la betametasona, tienen una potente acción antiinflamatoria, con mínimos efectos mineralocorticoides. En particular, el efecto antiinflamatorio de la betametasona es 30 veces superior al de la hidrocortisona y no tiene efectos mineralocorticoides. Su metabolismo y excreción es similar al de la hidrocortisona; aproximadamente el 90% se une en forma reversible a proteínas plasmáticas, principalmente a globulinas y albúmina, se metaboliza en el hígado, en donde la inducción de enzimas hepáticas puede aumentar la depuración metabólica de todos los glucocorticoides. Alrededor del 1% de la dosis se excreta diariamente en orina, la depuración renal se incrementa cuando los niveles plasmáticos son elevados. La betametasona tiene una vida media plasmática de más de 300 minutos; una dosis de betametasona de 0,6 mg equivale a 5 mg de prednisona y a 20 mg de hidrocortisona. Su vida media biológica es de 36 a 54 horas, de las más prolongadas de los corticosteroides, tomando en cuenta que la hidrocortisona tiene una vida media biológica de 8 a 12 horas. Este es el tiempo en que una dosis equivalente a 40 mg de prednisona (5,8 mg de betametasona) inhibe la función del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenales, de manera que se considera un corticoesteroide sintético de acción prolongada.
Contraindicaciones: Está contraindicado en pacientes con micosis sistémicas, en los que presentan reacciones de hipersensibilidad al fosfato sódico de betametasona, al acetato de betametasona, a otros corticosteroides o a cualquier componente de este producto.
Precauciones generales: Es obligatorio usar una técnica estrictamente aséptica durante la administración de CELESTONE®. Este producto contiene bisulfito de sodio, un sulfito que puede causar reacciones de tipo alérgico, inclusive síntomas anafilácticos y episodios asmáticos potencialmente fatales o menos severos en las personas sensibles. CELESTONE® debe administrarse con precaución a pacientes con púrpura trombocitopénica idiopática, cuando se use la vía intramuscular. La administración intramuscular de corticosteroides debe ser profunda, en masas musculares grandes para evitar la atrofia tisular local. La administración en tejidos blandos, intraarticular e intralesional de un corticosteroide puede causar efectos sistémicos así como locales. Es necesario examinar el líquido articular para excluir un proceso séptico. Debe evitarse la inyección local en una articulación previamente infectada. El aumento del dolor y la tumefacción local, más restricción en el movimiento de la articulación, la fiebre y el malestar sugieren una artritis séptica. Si se confirma el diagnóstico de sepsis, se debe instituir el tratamiento antimicrobiano apropiado. Los corticosteroides no deben inyectarse en articulaciones inestables, áreas infectadas o espacios intervertebrales. Las inyecciones repetidas dentro de las articulaciones con osteoartritis pueden aumentar la destrucción de la articulación. Evitar la inyección de corticosteroides directamente en la sustancia de tendones porque ha ocurrido ruptura demorada del tendón. Después del tratamiento corticosteroide intraarticular, el paciente debe tener cuidado de no usar excesivamente la articulación en que se ha obtenido el beneficio sintomático. Debido a que han ocurrido casos raros de reacciones anafilácticas en pacientes que reciben tratamiento corticosteroide parenteral, deben tomarse las medidas de precaución apropiadas antes de la administración, especialmente cuando el paciente tiene historia de alergia a cualquier medicamento. Con el tratamiento corticosteroide a largo plazo, se debe considerar la transferencia de la administración parenteral a la oral después de evaluar los beneficios y riesgos potenciales. Puede ser necesario ajustar la dosis en presencia de remisión o exacerbación de la patología, ante la respuesta individual del paciente al tratamiento y ante la exposición del paciente a estrés emocional o físico, como en el caso de infección grave, cirugía o traumatismos. Puede ser necesario mantener la vigilancia hasta durante un año después de suspender el tratamiento corticosteroide a largo plazo o con dosis elevadas. Los corticosteroides pueden enmascarar algunos signos de infección pudiendo también desarrollarse nuevas infecciones durante su uso. Cuando se usan corticosteroides, puede ocurrir una reducción de la resistencia e incapacidad para localizar la infección. El uso prolongado de corticosteroides puede causar cataratas subcapsulares posteriores (especialmente en niños) y glaucoma con posible lesión de los nervios ópticos, pudiendo también fomentar las infecciones oculares secundarias causadas por hongos o virus. Las dosis normales y elevadas de corticosteroides pueden aumentar la presión arterial, la retención de sal y agua y la excreción de potasio. Es menos probable que estos efectos ocurran con los derivados sintéticos, excepto cuando se utilizan a dosis elevadas. Puede considerarse la restricción dietética de sal y los suplementos de potasio. Todos los corticosteroides aumentan la excreción de calcio. Los pacientes que estén recibiendo tratamiento corticosteroide no deben vacunarse contra la viruela. No deben emprenderse otros procedimientos de inmunización en pacientes que reciben corticosteroides, especialmente a dosis elevadas, debido a los posibles peligros de complicaciones neurológicas y deterioro de la respuesta inmune humoral. Sin embargo, se puede inmunizar a pacientes que reciben corticosteroides como tratamiento de sustitución, por ejemplo en el caso de la enfermedad de Addison. Debe advertirse a los pacientes que reciben dosis inmunosupresoras de corticosteroides que eviten la exposición a la varicela o al sarampión y, en caso positivo, que consulten al médico. Esto tiene importancia especial en los niños. El tratamiento corticosteroide en pacientes con tuberculosis activa debe restringirse a los casos de tuberculosis fulminante o diseminada en que el corticosteroide se utiliza para el tratamiento conjunto con un esquema antifímico apropiado. Si los corticosteroides están indicados en pacientes con tuberculosis latente o reacción a la tuberculina, es necesario observarlos estrechamente ya que puede ocurrir reactivación de la enfermedad. Durante el tratamiento corticosteroide prolongado, los pacientes deben recibir quimioprofilaxis. Si se usa rifampina en un programa quimioprofiláctico, debe tenerse en cuenta que aumenta la depuración metabólica hepática de los corticosteroides; puede ser necesario ajustar la dosis del corticosteroide. Debe usarse la dosis más baja posible de corticosteroide para controlar el padecimiento que se esté tratando; cuando sea posible reducir la dosis, ésta debe ser gradual. El retiro demasiado rápido de corticosteroides puede inducir insuficiencia suprarrenal insuficiencia suprarrenal secundaria, la que puede reducirse al mínimo mediante una reducción gradual de la dosis. Esta condición puede persistir durante meses después de suspenderse el tratamiento; por consiguiente, si ocurriesen condiciones de estrés durante ese período, deberá reinstituirse la corticoterapia. Si el paciente ya está recibiendo corticosteroides, puede ser necesario aumentar la dosis. Como puede estar afectada la secreción de mineralocorticoides, debe administrarse sal y/o un mineralocorticosteroide. El efecto corticosteroide aumenta en pacientes con hipotiroidismo o con cirrosis. Se aconseja precaución en pacientes con herpes simple ocular debido a la posibilidad de perforación corneal. Con la corticoterapia pueden desarrollarse trastornos psiquiátricos. La inestabilidad emocional o tendencias psicóticas previas pueden agravarse por los corticosteroides. Los corticosteroides deben utilizarse con precaución en: colitis ulcerativa inespecífica, si existe la probabilidad de perforación inminente, abscesos u otra infección piógena; diverticulitis; anastomosis intestinales recientes; úlcera péptica activa o latente; infestación por estrongiloides o sospecha clínica, insuficiencia renal; hipertensión arterial; osteoporosis, miastenia gravis. Como las complicaciones del tratamiento con glucocorticosteroides dependen de la dosis y la duración del tratamiento, se deben considerar los riesgos y beneficios potenciales en cada paciente. Como la administración de corticosteroides puede modificar las tasas de crecimiento e inhibir la producción endógena de corticosteroides en lactantes y niños, el crecimiento y desarrollo de estos pacientes, deben vigilarse cuidadosamente, sobre todo cuando han recibido tratamiento prolongado. Los corticosteroides pueden alterar la motilidad y número de espermatozoides en algunos pacientes.
Restricciones de uso durante el embarazo y la lactancia: Como no se han realizado estudios controlados de reproducción en el ser humano con el uso de corticosteroides, el uso de estos medicamentos durante el embarazo o en mujeres en edad de gestación requiere que los beneficios posibles del medicamento se consideren en función de los riesgos potenciales para la madre y el feto. Los datos publicados indican que aún no está claro el uso de corticosteroides profilácticos más allá de la 32ª semana de gestación. Por lo tanto el médico debe evaluar los beneficios con los riesgos potenciales para la madre y el producto cuando se usen corticosteroides después de la 32ª semana de gestación. Los corticosteroides no están indicados en el tratamiento del síndrome de membranas hialinas después del nacimiento. En el tratamiento profiláctico de la enfermedad de membranas hialinas en neonatos prematuros, los corticosteroides no deben administrarse a pacientes embarazadas que presenten síntomas de preeclampsia, eclampsia o evidencia de daño placentario. Los lactantes nacidos de madres que recibieron dosis elevadas de corticosteroide durante el embarazo deben observarse cuidadosamente por signos de insuficiencia suprarrenal. Cuando las madres recibieron betametasona durante el período prenatal, los neonatos presentaron disminución transitoria de la secreción de la hormona de crecimiento fetal y probablemente de las hormonas hipofisiarias que regulan la producción de corticosteroides por las glándulas suprarrenales fetales. Sin embargo, la supresión de la hidrocortisona fetal no interfirió con las respuestas hipofisiarias y suprarrenales al estrés después del nacimiento. Los corticosteroides cruzan la barrera placentaria y se secretan en la leche materna. Debido al paso transplacentario de corticosteroides, los neonatos de madres a las que se les administró corticosteroides durante todo el o parte del embarazo, deben examinarse de cataratas congénitas, esta alteración es posible pero no frecuente. Las pacientes a las que se les administraron corticosteroides durante el embarazo deben vigilarse durante y después del trabajo de parto por cualquier síntoma de insuficiencia suprarrenal secundaria a estrés asociado con el parto. Los corticoesteroides administrados durante el embarazo no producen retraso en el desarrollo cognitivo en el infante. A causa del potencial de CELESTONE® de producir efectos adversos indeseables en lactantes, se debe considerar el suspender la lactancia o la administración del medicamento, teniendo en cuenta la importancia de éste para la madre.
Reacciones secundarias y adversas: Los efectos adversos de CELESTONE® son los mismos que se han reportado para otros corticosteroides, y se relacionan con la dosis y la duración del tratamiento. Normalmente, estos efectos pueden revertirse o reducirse al mínimo disminuyendo la dosis, lo que generalmente es preferible a la suspensión del tratamiento. Trastornos de líquidos y electrólitos: retención de sodio, pérdida de potasio, alcalosis hipocaliémica; retención de líquidos. Cardiovasculares: insuficiencia cardíaca congestiva en pacientes sensibles e hipertensión arterial. Osteomusculares: debilidad muscular, miopatía corticosteroidea, hipotrofia muscular, progresión de los síntomas en miastenia gravis, osteoporosis, fracturas vertebrales por compresión, necrosis aséptica de las cabezas femorales y humerales, fracturas patológicas de huesos largos, ruptura de tendones, inestabilidad de las articulaciones por administración intraarticular repetida. Gastrointestinales: úlcera péptica con posibilidad de perforación subsecuente y hemorragia, pancreatitis, distensión abdominal, úlceras esofágicas. Dermatológicas: trastorno de la cicatrización de heridas; atrofia cutánea; piel frágil y fina; estrías, acné, petequias y equimosis; eritema facial; diaforesis; alteración en la reacción de las pruebas cutáneas; dermatitis alérgica; urticaria, edema angioneurótico. Neurológicas: convulsiones, aumento de la presión intracraneal con edema de papila (pseudotumor cerebral) generalmente después del tratamiento, vértigo, cefalea. Psiquiátricas: euforia, cambios del estado de ánimo; depresión mayor con manifestaciones francamente psicóticas; cambios en la personalidad; manía, alucinaciones e insomnio. Endocrinológicas: irregularidades menstruales; desarrollo de síndrome de Cushing; disminución del crecimiento intrauterino fetal o durante la niñez; falta de respuesta suprarrenal e hipofisiaria secundaria, particularmente en períodos de estrés, como en casos de traumatismo, cirugía o enfermedad; reducción de la tolerancia a carbohidratos, manifestaciones de diabetes mellitus, aumento de necesidades de insulina o de hipoglucemiantes orales en pacientes diabéticos, dislipidemias con incremento de los triglicéridos, colesterol total y lipoproteínas de baja densidad, puede precipitar la porfiria. Oftálmicas: catarata subcapsular posterior; aumento de presión intraocular, glaucoma; exoftalmo. Metabólicas: balance nitrogenado negativo debido a catabolismo proteico. Otras: reacciones anafilácticas o de hipersensibilidad así como hipotensión similar a choque infecciones en general. Otras reacciones adversas relacionadas con el tratamiento con corticosteroides parenterales incluyen casos raros de ceguera asociados con el tratamiento intralesional alrededor de la cara y cabeza, hiperpigmentación o hipopigmentación, atrofia subcutánea y cutánea, abscesos estériles, inflamación en el sitio de la inyección (después de uso intraarticular) y artropatía de Charcot.
Interacciones medicamentosas y de otro género: Interacciones medicamentosas: el uso concurrente de fenobarbital, fenitoína, rifampina, efedrina o carbamazepina puede aumentar el metabolismo de los corticosteroides, reduciendo sus efectos terapéuticos. Al combinarse corticoesteroides con bloqueadores neuromusculares, se disminuye la efectividad de estos últimos y se incrementa el riesgo de parálisis flácida al utilizarse por períodos prolongados con bloqueadores neuromusculares. Los pacientes que reciben un corticosteroide y estrógenos se deben observar para determinar la presencia de efectos corticosteroides excesivos. El uso concurrente de corticosteroides con diuréticos que eliminan potasio puede aumentar la hipocaliemia. El uso concurrente de corticosteroides con glucósidos cardíacos puede aumentar la posibilidad de arritmias o toxicidad por digital asociada con hipocaliemia. Los corticosteroides pueden fomentar la eliminación de potasio que causa la anfotericina B. Todos los pacientes a los que se les administre cualquiera de estas combinaciones terapéuticas, se deben realizar determinaciones de electrólitos séricos, especialmente las concentraciones de potasio, y deben vigilarse estrechamente. El uso concurrente de corticosteroides con anticoagulantes cumarínicos puede aumentar o reducir los efectos anticoagulantes, posiblemente necesitando un ajuste de la dosis. Los efectos combinados de medicamentos antiinflamatorios no esteroideos, aspirina o de alcohol con glucocorticosteroides puede dar lugar a un aumento en la ocurrencia o severidad de las úlceras gastrointestinales. Los corticosteroides pueden reducir las concentraciones sanguíneas de salicilato. El ácido acetilsalicílico debe utilizarse con precaución cuando se administra conjuntamente con corticosteroides en casos de hipoprotrombinemia. Cuando se administran corticosteroides a pacientes diabéticos puede ser necesario ajustar la dosis del medicamento hipoglucemiante y/o dosis de insulina. El tratamiento concomitante con glucocorticosteroides puede inhibir la respuesta a la somatotropina. lnteracciones con pruebas de laboratorio: los corticosteroides pueden afectar la prueba de tetrazolio nitroazul para infección bacteriana y dar resultados falsos negativos.
Dosis y vía de administración: CELESTONE® puede usarse para administración IV, IM, intraarticular, intralesional o en tejidos blandos. Las dosis son variables y deben individualizarse en base a la enfermedad específica, su severidad y la respuesta del paciente. La dosis inicial de CELESTONE® para adultos puede alcanzar hasta los 8,0 mg de betametasona por día, dependiendo de la enfermedad específica que se esté tratando. En situaciones de menor gravedad generalmente serán satisfactorias las dosis más bajas, mientras que en algunos pacientes puede ser necesario recurrir a dosis iniciales altas. La dosis inicial debe mantenerse o ajustarse hasta observar una respuesta satisfactoria. Si después de un período razonable no ocurre, debe suspenderse el tratamiento con CELESTONE® y transferir al paciente a otro tratamiento apropiado. La dosis IM pediátrica inicial usual varía de 0,02 a 0,125 mg por kg de peso corporal por día. En las dosis para lactantes y niños deben observarse las mismas consideraciones que en el caso de adultos, con las mismas proporciones indicadas por la edad o el peso corporal. Aunque CELESTONE® puede administrarse por varias rutas, en situaciones de urgencia se recomienda recurrir a la vía IV. CELESTONE® también puede administrarse por goteo IV conjuntamente con solución salina isotónica o solución de dextrosa en la cantidad deseada de solución. En estos casos, se debe agregar CELESTONE® a la solución al momento de la administración. Las soluciones no utilizadas deben refrigerarse inmediatamente y administrarse dentro de las 24 horas siguientes de su preparación. Cuando se observa una respuesta clínica favorable, debe determinarse la dosis apropiada de mantenimiento reduciendo la dosis farmacológica inicial en cantidades pequeñas, a intervalos apropiados hasta alcanzar la dosis mínima efectiva. La exposición del paciente a situaciones causantes de estrés, no relacionadas con la enfermedad que se está tratando, puede necesitar de un aumento en la dosis de CELESTONE®. Si el medicamento se suspende después del tratamiento prolongado, la dosis debe reducirse gradualmente. Recomendaciones para las dosis de acuerdo a la enfermedad: edema cerebral: puede ocurrir evidencia objetiva y subjetiva de mejoría dentro de las primeras horas después de la administración de CELESTONE® a las dosis de 2 a 4 mg de betametasona. Los pacientes con alteración del estado de despierto pueden recibir las dosis convencionales que varían desde 2 a 4 mg cuatro veces al día. Rechazo de aloinjertos renales: a la primera evidencia y diagnóstico de rechazo agudo o tardío, se debe administrar CELESTONE® por vía IV en forma de goteo constante; la dosis inicial es de 60 mg de betametasona durante las primeras 24 horas. Pueden existir variaciones menores en la dosis de acuerdo a las circunstancias individuales de cada paciente. Uso antes del parto para la prevención del síndrome de insuficiencia respiratoria en neonatos prematuros: cuando se considera necesario inducir el trabajo de parto antes de la 32ª semana de gestación o cuando el parto es prematuro antes de la 32ª semana de gestación y es inevitable debido a complicación obstétrica, se recomienda administrar CELESTONE® 4 a 6 mg de betametasona, por vía intramuscular cada 12 horas, durante 24 a 48 horas (2 a 4 dosis) antes del tiempo esperado del parto. La necesidad de iniciar el tratamiento por lo menos 24 horas (y preferiblemente 48 a 72 horas) antes del parto, reside en dar tiempo suficiente para que el corticosteroide ejerza su acción y produzca efectos clínicamente observables. CELESTONE® también debe considerarse para el tratamiento profiláctico si se sabe que el producto presenta proporción baja de lecitina esfingomielina en el líquido amniótico. En tal situación se recomienda utilizar el mismo esquema terapéutico, incluso los intervalos de las dosis antes del parto, como se sugiere arriba. Padecimientos osteomusculares: las dosis recomendadas de betametasona dependen del tamaño de la articulación o del sitio a tratar: articulaciones grandes (cadera): 2,0 a 4,0 mg. Articulaciones pequeñas: 0,8 a 2,0 mg. Bursa: 2,0 a 3,0 mg. Vaina del tendón: 0,4 a 1,0 mg. Heloma: 0,4 a 1,0 mg. Tejidos blandos: 2,0 a 6,0 mg. Ganglios: 1,0 a 2,0 mg. Reacciones a transfusiones: para la prevención de reacciones a transfusiones, se debe administrar 1 o 2 ml de CELESTONE® (4 a 8 mg de betametasona) por vía IV inmediatamente antes de iniciar la transfusión de sangre. Los corticosteroides no deben mezclarse con la sangre. Con las transfusiones repetidas, la misma dosis de CELESTONE® puede administrarse nuevamente hasta un total de cuatro veces durante 24 horas, si es necesario. Administración subconjuntival: los corticosteroides solubles se administran frecuentemente por vía subconjuntival para numerosos padecimientos oculares que responden a los corticosteroides. La dosis usual de CELESTONE® es de 0,5 ml (2 mg de betametasona).
Manifestaciones y manejo de la sobredosificación o ingesta accidental: Síntomas: no se espera que una sobredosis aguda con glucocorticoides, inclusive betametasona, dé lugar a una situación potencialmente fatal. Excepto en las dosis más extremas, es improbable que unos pocos días de administración excesiva de glucocorticoides produzcan daño si no existen contraindicaciones específicas, como en el caso de pacientes con diabetes mellitus, glaucoma o úlcera péptica activa, o en pacientes que estén tomando medicamentos como digital, anticoagulantes cumarínicos o diuréticos que eliminan potasio. Tratamiento: las complicaciones que se presenten por los efectos metabólicos de los corticosteroides o de los efectos propios de las enfermedades subyacentes o concomitantes, o las que sean el resultado de interacciones medicamentosas, deben tratarse del modo apropiado. Se deberá mantener la ingestión adecuada de líquidos y vigilar los electrólitos séricos y urinarios, con atención especial al equilibrio de sodio y potasio. Tratar el desequilibrio electrolítico si es necesario.
Presentación(es): Caja con 1 frasco ámpula de 1 ml. Caja con 1 frasco ámpula de 2 ml. Caja con 1 frasco ámpula de 5 ml. Caja con 1 ampolleta de 1 ml. Caja con jeringa HYPAK prellenada con 2 ml (8 mg/2 ml) y aguja estéril desechables.
Recomendaciones sobre almacenamiento: Consérvese en lugar fresco. Protéjase de la luz.
Leyendas de protección: Literatura exclusiva para médicos. No se deje al alcance de los niños. Su venta requiere receta médica. Si requiere mayor información, solicítela a la Dirección Médica al 5728-4422.
Nombre y domicilio del laboratorio: SCHERING-PLOUGH S.A. de C.V., Av. 16 de Septiembre # 301, Xochimilco, 16090, México, D.F. ®Marca registrada.
Número de registro del medicamento: 89908 SSA IV
Clave de IPPA: IEAR-04361203627/RM2004

CELESTONE®

M S D

Tabletas

Denominación genérica: Betametasona.
Forma farmacéutica y formulación: Tabletas. Cada tableta contiene: betametasona 0,5 mg. Excipiente, cbp 1 tableta. CELESTONE® Tabletas contiene betametasona, un análogo sintético de la prednisolona. Es un glucocorticoide con propiedades antiinflamatorias, antialérgicas y antirreumáticas. Los glucocorticoides como la betametasona causan efectos metabólicos profundos y variados y modifican la respuesta inmune del organismo ante diversos estímulos.
Indicaciones terapéuticas: CELESTONE® Tabletas está indicado para el tratamiento de varias enfermedades osteomusculares, del tejido conectivo, dermatológicas, alérgicas endocrinas, oftálmicas, respiratorias, hematológicas, neoplásicas, gastrointestinales y de otras enfermedades, con respuesta conocida al tratamiento corticosteroide. El tratamiento con corticosteroides se considera un coadyuvante a la terapéutica convencional dirigida a cada una de las enfermedades. Enfermedades osteomusculares y de los tejidos blandos: como tratamiento coadyuvante de corta duración (para ayudar al paciente a superar un episodio agudo o una exacerbación) en casos de: artritis reumatoide del adulto y artritis reumatoide juvenil (algunos casos pueden necesitar tratamiento de mantenimiento con dosis bajas); espondilitis anquilosante; artritis psoriásica, artritis gotosa, osteoartritis (después de traumatismo o sinovitis), bursitis aguda y subaguda; tenosinovitis inespecífica aguda; fiebre reumática aguda y sinovitis. Enfermedades del tejido conectivo: durante una exacerbación o como tratamiento de mantenimiento en casos determinados de lupus eritematoso generalizado, carditis reumática aguda, escleroderma y dermatomiositis, arteritis temporal. Enfermedades dermatológicas: pénfigo; dermatitis herpetiforme bulosa; eritema multiforme grave (síndrome de Stevens-Johnson); dermatitis exfoliativa; micosis fungoide; psoriasis grave; eccema alérgico (dermatitis crónica), dermatitis seborreica. Enfermedades alérgicas: en el control de afecciones alérgicas graves o incapacitantes, que no responden al tratamiento convencional como: rinitis alérgica estacional o perenne, pólipos nasales, asma bronquial (incluso en el estado asmatiforme), dermatitis por contacto, dermatitis atópica (neurodermatitis), urticaria, reacciones alérgicas medicamentosas, reacciones transfusionales, enfermedad del suero y edema angioneurótico. Enfermedades endocrinológicas: insuficiencia corticosuprarrenal primaria y secundaria (conjuntamente con mineralocorticoides, si se aplican); hiperplasia suprarrenal congénita; tiroiditis no supurante e hipercalcemia asociada a cáncer, tiroiditis no supurativa. Enfermedades oftálmicas: padecimientos alérgicos e inflamatorios crónicos, agudos y graves que afectan los ojos y sus anexos, como conjuntivitis alérgica, queratitis, úlceras alérgicas, corneales y marginales, herpes zóster oftálmico, iritis e iridociclitis, coriorretinitis, inflamación del segmento anterior, uveítis posterior difusa y coroiditis, neuritis óptica y oftalmía simpática; retinitis central; neuritis retrobulbar. Enfermedades respiratorias: neumonitis por aspiración, síntomas de sarcoidosis; síndrome de Lo<137>ffler que no puede tratarse por otros medios; beriliosis; tuberculosis pulmonar diseminada cuando se acompaña concomitantemente por la quimioterapia antituberculosa adecuada; enfisema pulmonar; fibrosis pulmonar. Enfermedades hematológicas: trombocitopenia idiopática y secundaria en adultos; anemia hemolítica adquirida (autoinmune); eritroblastopenia (anemia eritrocítica), y anemia hipoplásica (eritroide) congénita. Enfermedades neoplásicas: para el tratamiento paliativo de leucemias y linfomas en adultos y de leucemia aguda en niños. Enfermedades renales: para inducir la diuresis o remisión de albuminuria en el síndrome nefrótico sin uremia, síndrome nefrótico idiopático, o secundario a lupus eritematoso. Misceláneos: meningitis tuberculosa con bloqueo subaracnoideo o bloqueo inminente; siempre y cuando la administración se acompañe en forma concomitante con la quimioterapia antituberculosa apropiada; colitis ulcerativa; parálisis facial de Bell.
Farmacocinética y farmacodinamia: Mientras que los efectos fisiológicos, farmacológicos y sobre las manifestaciones clínicas son bien conocidos, el mecanismo de acción exacto de los corticosteroides es incierto. Las acciones predominantes de los corticosteroides, naturales y sintéticos, determinan su clasificación en glucocorticoides y/o mineralocorticoides. En dosis farmacológicas, los glucocorticoides naturales (cortisona e hidrocortisona) y sus análogos sintéticos, como la betametasona, son utilizados principalmente por sus propiedades antiinflamatorias y/o sus efectos inmunosupresores. La betametasona no tiene efecto mineralocorticoide clínicamente significativo; y debido a esto es inadecuada como monoterapia en el tratamiento de reemplazo para insuficiencia suprarrenal. Los análogos sintéticos adrenocorticales, incluyendo la betametasona; cuando se administran por vía oral, se consideran efectivos y con una absorción adecuada. Estudios en ratas demuestran que comparada con la prednisolona, la betametasona tiene 2,5 veces mayor actividad antiinflamatoria, 4 veces mayor actividad timolítica y mayores propiedades diuréticas relacionadas a la excreción de agua, sodio y potasio. En estudios realizados en perros los niveles plasmáticos más elevados se han observado a las tres horas de la administración oral del medicamento. Después de la inyección intravenosa en perros la vida media promedio de la betametasona fue de 204 minutos. Las concentraciones sanguíneas de betametasona se pueden detectar 20 minutos después de la administración oral en humanos. Las concentraciones plasmáticas máximas son alcanzadas a las dos horas posteriores a su administración oral y disminuyen gradualmente dentro de las primeras 24 horas. La vida media plasmática de la betametasona después de una sola administración oral varía entre 180 a 220 minutos hasta por más de 300 minutos. Los glucocorticoides naturales y sintéticos, incluyendo la betametasona, son metabolizados en el hígado. En pacientes con enfermedad hepática, la depuración de la betametasona fue más lenta que en los sujetos normales. Al parecer el nivel biológico efectivo de los corticosteroides se relaciona más con la porción libre del corticosteroide que con la concentración plasmática total. No se ha demostrado una relación específica entre los niveles sanguíneos de corticosteroides (total y libre) y los efectos terapéuticos, desde que los efectos farmacodinámicos de los corticosteroides generalmente persisten más allá del período en que son medibles los niveles plasmáticos. La vida media biológica es de 36 a 54 horas. Con excepción de la terapia de reemplazo, las dosis efectivas y seguras de corticosteroides han sido determinadas mediante ensayos empíricos. La betametasona presenta elevada actividad glucocorticoide y poca actividad mineralocorticoide.
Contraindicaciones: CELESTONE® Tabletas está contraindicado en pacientes con micosis sistémicas, en los que presentan reacciones de hipersensibilidad al fosfato sódico de betametasona, al acetato de betametasona, a otros corticosteroides o a cualquier componente de este producto.
Precauciones generales: Los glucocorticoides, como la betametasona, causan efectos metabólicos profundos y variados y modifican la respuesta inmune del cuerpo ante varios estímulos. Pueden requerirse ajustes en la dosis por la remisión o exacerbación de la enfermedad, dependiendo de la respuesta individual del enfermo al tratamiento y de la sobrecarga a que esté expuesto el enfermo por ejemplo en infección grave, cirugía o herida. Después de la suspensión de la corticoterapia de larga duración o de dosis elevadas se recomienda la observación estrecha del enfermo hasta por un año. Los corticosteroides pueden enmascarar algunos signos de infección, y pueden aparecer nuevas infecciones durante su uso. Los corticosteroides disminuyen la resistencia a infecciones y se puede presentar una incapacidad para localizar la infección. El uso prolongado de corticosteroides puede causar cataratas posteriores subcapsulares, y glaucoma con posible lesión del nervio óptico, también puede fomentar las infecciones oculares secundarias debidas a hongos o virus. La administración de dosis elevadas de corticosteroides pueden causar aumento en la presión arterial, retención de líquidos y de sodio y aumentar la excreción de potasio. Estos efectos ocurren con menos probabilidad cuando se utilizan derivados sintéticos a excepción de los casos en que se usan dosis elevadas. Con la corticoterapia deben considerarse la restricción de sal y suplementos de potasio en la dieta. Todos los corticosteroides incrementan la excreción de calcio. Los pacientes que estén recibiendo tratamiento corticosteroide no deben vacunarse contra la viruela. No debe inmunizarse a pacientes que reciben corticosteroides, especialmente a dosis altas, debido a los posibles peligros de complicaciones neurológicas y deterioro de la respuesta inmune humoral. Sin embargo, se puede inmunizar a pacientes que reciben corticosteroides como tratamiento de reemplazo, por ejemplo en el caso de la enfermedad de Addison. Se debe advertir a los pacientes que reciben dosis inmunosupresoras de corticosteroides que eviten la exposición a la varicela o al sarampión y, en caso positivo, que consulten a un médico. Esto tiene importancia especial en los niños. La corticoterapia en enfermos con tuberculosis activa deberá limitarse a aquellos casos de tuberculosis diseminada o fulminante, en los cuales el corticosteroide se utiliza en forma concomitante con un tratamiento antituberculoso adecuado. Si los corticosteroides están indicados en pacientes con tuberculosis latente o reacción positiva a la tuberculina, es necesario observarlos estrechamente ya que puede ocurrir reactivación de la enfermedad. Durante el tratamiento corticosteroide prolongado, los pacientes deben recibir quimioprofilaxis. Si se usa rifampicina en un esquema de profilaxis, debe tomarse en cuenta el aumento de la depuración hepática de los corticosteroides; puede ser necesario ajustar la dosis de éste. Debe usarse la dosis más baja posible de corticosteroide para controlar el padecimiento que se esté tratando; cuando sea posible reducir la dosis, debe ser gradualmente. La suspensión demasiado rápida de corticosteroides puede inducir insuficiencia suprarrenal secundaria; este riesgo puede reducirse al mínimo mediante la disminución paulatina de la dosis. Esta insuficiencia puede persistir durante meses después de suspenderse el tratamiento; por consiguiente, si ocurriese algún fenómeno precipitante de estrés durante ese período, deberá reinstituirse la corticoterapia. Si el paciente ya está recibiendo corticosteroides, puede ser necesario aumentar la dosis. Como puede estar afectada la secreción de mineralocorticoides, debe administrarse sal y/o un mineralocorticosteroide concomitantemente. El efecto corticosteroide aumenta en pacientes con hipotiroidismo o con cirrosis. Se sugiere precaución en el uso de corticosteroides en pacientes con herpes simple ocular debido a la posibilidad de perforación corneal. Con la corticoterapia pueden desarrollarse padecimientos psiquiátricos. Se puede agravar la inestabilidad emocional o las tendencias psicóticas preexistentes. Los corticosteroides deben utilizarse con precaución en: colitis ulcerativa inespecífica, si existe probabilidad de perforación inminente, absceso u otra infección piógena; diverticulitis; anastomosis intestinales recientes; úlcera péptica activa o latente; insuficiencia renal; hipertensión; osteoporosis, miastenia grave, infestación por estrongiloides y/o sospecha clínica. Como las complicaciones del tratamiento con glucocorticosteroides dependen del tamaño de la dosis, y la duración del tratamiento, se deben considerar los riesgos y beneficios en el caso individual de cada paciente. Como la administración de corticosteroides puede alterar las tasas de crecimiento por inhibición de la producción endógena de corticosteroides en lactantes y niños, se deben vigilar cuidadosamente el crecimiento y desarrollo de los pacientes que reciben tratamiento prolongado. Los corticosteroides pueden alterar la motilidad y número de espermatozoides en algunos pacientes.
Restricciones de uso durante el embarazo y la lactancia: Como no se han hecho estudios controlados de reproducción humana con corticosteroides, el uso de CELESTONE® Tabletas durante el embarazo, lactancia o en mujeres de edad fértil, requiere que se valoren los posibles beneficios del medicamento contra los riesgos potenciales a la madre y al embrión o feto. Los recién nacidos de madres que hayan recibido tratamiento con corticosteroides deben observarse en cuanto a signos de hipoadrenalismo. Los corticosteroides cruzan la barrera placentaria y aparecen en la leche materna. Debido a que los corticosteroides cruzan la barrera placentaria, los neonatos y lactantes menores de madres que recibieron dosis de corticosteroides durante alguna época del embarazo actual o anterior, deben examinarse en búsqueda de cataratas congénitas; esta alteración, aunque muy rara, es posible. El uso de betametasona durante el embarazo no produce retraso en el desarrollo cognitivo del infante. Las pacientes que han recibido corticosteroides durante el embarazo deben vigilarse durante y después del trabajo de parto por cualquier síntoma de insuficiencia suprarrenal secundaria al estrés asociado con el parto. Los corticoesteroides administrados durante el embarazo no son causa de retraso en el desarrollo cognitivo del infante.
Reacciones secundarias y adversas: Las reacciones adversas de CELESTONE® Tabletas son las mismas señaladas con otros corticosteroides: se relacionan con la posología y la duración del tratamiento. Normalmente estas reacciones pueden revertirse o reducirse al mínimo disminuyendo la posología; esto es generalmente preferible a la suspensión del tratamiento. Trastornos de líquidos y electrolitos: retención de sodio; pérdida de potasio; alcalosis hipocaliémica; retención de líquidos. Cardiovasculares: insuficiencia cardíaca congestiva en pacientes susceptibles e hipertensión arterial. Osteomusculares: debilidad muscular; miopatía corticosteroidea; pérdida de masa muscular; progresión de síntomas miasténicos en miastenia gravis; osteoporosis; fracturas vertebrales por compresión; necrosis aséptica de cabezas femorales y humerales; fractura patológica de huesos largos; ruptura de tendones. Gastrointestinales: hipo; úlcera péptica con posibilidad de perforación subsiguiente y hemorragia; pancreatitis, distensión abdominal; esofagitis ulcerante. Dermatológicas: menoscabo de la cicatrización de heridas, atrofia cutánea, piel frágil y fina, petequias y equimosis, eritema facial, acné, estrías, aumento de la sudoración, reacciones deprimidas a las pruebas cutáneas, reacciones como dermatitis alérgica, urticaria, edema angioneurótico. Neurológicas: convulsiones, aumento de la presión intracraneal con papiledema (pseudotumor cerebral) usualmente después del tratamiento; vértigo, cefalea. Psiquiátricas: euforia, cambios del humor, depresión severa a manifestaciones francamente psicóticas, cambios en la personalidad, hiperirritabilidad, manía, alucinaciones insomnio. Endocrinas: irregularidades menstruales, desarrollo de estado cushingoide; depresión del crecimiento intrauterino fetal o de la niñez; falta de respuesta corticosuprarrenal y pituitaria secundaria, particularmente en épocas de estrés, como en casos de traumatismo cirugía o enfermedad; reducción de la tolerancia a los carbohidratos, manifestaciones de diabetes mellitus latente, aumento de las necesidades de insulina o de agentes hipoglucémicos orales en pacientes diabéticos, alteraciones en los lípidos, puede precipitar la porfiria. Oftálmicas: cataratas subcapsulares posteriores; aumento de la presión intraocular, glaucoma, exoftalmos. Metabólicas: equilibrio nitrogenado negativo debido a catabolismo proteico; lipomatosis incluyendo lipomatosis mediastinal y lipomatosis epidural que pueden causar complicaciones neurológicas, aumento de peso. Otras: reacciones anafilactoides o de hipersensibilidad así como reacciones hipotensivas o similares al choque, infecciones en general.
Interacciones medicamentosas y de otro género: El uso concomitante de fenobarbital, rifampicina, difenilhidantoína, efedrina o carbamazepina puede incrementar el metabolismo de los corticosteroides, disminuyendo su acción terapéutica. Al combinarse corticoesteroides con bloqueadores neuromusculares, se disminuye la efectividad de estos últimos y se incrementa el riesgo de parálisis flácida al utilizarse por períodos prolongados con bloqueadores neuromusculares. Los enfermos tratados concomitantemente con un corticosteroide y un estrógeno deberán observarse, por el posible incremento de los efectos del corticosteroide. La administración simultánea de corticosteroides con diuréticos que causen aumento de la eliminación de potasio pudiera incrementar la hipocaliemia. El uso concomitante de corticosteroide con glucósidos cardíacos puede aumentar la posibilidad de arritmias o de toxicidad por digital asociada con hipocaliemia. Los corticosteroides pueden incrementar la depleción de potasio causada por anfotericina B. En todos estos enfermos tratados con cualquiera de estos tratamientos combinados deberán realizarse determinaciones de electrólitos en suero; particularmente los niveles de potasio deberán vigilarse cuidadosamente. El uso concomitante de corticosteroides con anticoagulantes del tipo de la cumarina puede acrecentar o disminuir los efectos anticoagulantes, posiblemente requiriendo ajuste de la dosis. Los efectos combinados de medicamentos antiinflamatorios no esteroideos, aspirina o alcohol con corticosteroides pudieran aumentar la incidencia o incrementar la gravedad de úlceras gastrointestinales. Cuando se administren corticosteroides a diabéticos puede requerirse, un ajuste de la droga antidiabética. El uso de corticosteroides con somatropina pudiera inhibir la respuesta a la somatropina. Los corticosteroides pueden reducir las concentraciones de salicilato en sangre. El ácido acetilsalicílico deberá utilizarse con precaución cuando se administra con corticosteroides en caso de hipoprotrombinemia.
Alteraciones en los resultados de pruebas de laboratorio: Los corticosteroides pueden alterar los resultados de la prueba del nitroazul de tetrazolio para infecciones bacterianas y producir resultados falsos negativos.
Precauciones en relación con efectos de carcinogénesis, mutagénesis, teratogénesis y sobre la fertilidad: La betametasona fue negativa en el ensayo de mutagenicidad bacteriana (Salmonella y Escherichia), y en el ensayo mutagénico de células de mamíferos (CHO/HGPRT). En cambio fue positiva en los ensayos in vitro de aberraciones cromosómicas en linfocitos humanos e inequívoca en ensayos de micronúcleos in vivo de médula ósea de ratón. Estos patrones de respuesta son similares a los de la dexametasona e hidrocortisona, y se consideran efectos de los glucocorticoides.
Dosis y vía de administración: Oral. Las necesidades posológicas varían, debiendo individualizarse según la enfermedad objeto del tratamiento y la respuesta del paciente. La dosis inicial de CELESTONE® Tabletas puede variar entre 0,25 a 8 mg por día, dependiendo de la enfermedad específica a tratar. En estados de menor gravedad, bastarán dosis pequeñas mientras que ciertos pacientes pueden requerir dosis iniciales mayores. La dosis inicial debe mantenerse o ajustarse hasta lograr respuesta satisfactoria. Si después de un período razonable no se logra respuesta satisfactoria, CELESTONE® Tabletas deberá suspenderse y administrar otro tratamiento adecuado. La dosis inicial pediátrica usual de betametasona por vía oral varía entre 17,5 a 250 mcg (0,017 a 0,25 mg) por kg de peso corporal diarios o 0,5 mg a 7,5 mg por metro cuadrado de superficie corporal diarios. Las dosis para bebés y niños deberán basarse por las mismas normas que los adultos, más que ajustarse estrictamente a las proporciones indicadas por la edad o el peso corporal. En cuanto se observe una respuesta favorable, se deberá determinar la dosis de mantenimiento adecuada disminuyendo poco a poco la dosis inicial en pequeños decrementos adecuados, hasta que se determine la dosis más baja capaz de mantener una respuesta clínica adecuada. Si se produce un período de remisión espontáneo en una enfermedad crónica, el tratamiento deberá suspenderse. La exposición de un paciente a situaciones de sobrecarga o estrés ajenas a la enfermedad existente, puede necesitar una dosis aumentada de CELESTONE® Tabletas. Si el fármaco va a discontinuarse después de un tratamiento prolongado, la dosis deberá disminuirse gradualmente. Las dosis recomendadas para las diversas enfermedades son: artritis reumatoide y otros trastornos reumáticos: se recomienda una dosis diaria inicial de 1 a 2,5 mg hasta obtener una buena respuesta, generalmente a los 3 o 4 días o durante un período de 7 días. Aunque generalmente no se necesitan dosis mayores, puede utilizarse, si fuese necesario para lograr la respuesta inicial deseada. Si no se obtiene respuesta dentro de los siete días, se recomienda verificar el diagnóstico. Cuando se obtiene una respuesta favorable la dosis deberá disminuirse a 0,25 mg cada dos o tres días hasta determinar la dosis de mantenimiento apropiada, generalmente de 0,5 a 1,5 mg diarios. En el tratamiento de ataques agudos de gota, el régimen terapéutico debe mantenerse solamente unos días después de que cedan los síntomas. La corticoterapia en pacientes con artritis reumatoide no excluye la necesidad de recurrir a medidas de soporte cuando sean necesarias. Fiebre reumática aguda: la dosis diaria inicial es de 6,0 a 8,0 mg. Una vez logrado el control adecuado, la dosis diaria total puede disminuirse de 0,25 a 0,5 mg al día hasta alcanzar un nivel de mantenimiento satisfactorio. El tratamiento se mantendrá a este nivel durante cuatro a ocho semanas o más. Una vez suspendido el tratamiento, deberá reinstituirse si ocurre reactivación de la enfermedad. Bursitis: inicialmente se recomienda administrar 1 a 2,5 mg diarios en dosis divididas. Generalmente se observa una respuesta clínica satisfactoria en dos a tres días, después de lo cual se deberá reducir gradualmente la dosis en los días siguientes, hasta suspender finalmente el fármaco. Generalmente, sólo es necesario un curso de tratamiento relativamente breve para brindar mejoría completa. Si se presenta una recaída, se recomienda un segundo curso de tratamiento. Estado asmáticos: puede necesitarse de 3,5 a 4,5 mg diarios durante uno o dos días para que el ataque desaparezca. Posteriormente, se reducirá la dosis de 0,25 a 0,5 mg en días alternos hasta alcanzar la dosis de mantenimiento o suspender el tratamiento. Asma crónica rebelde: se administran inicialmente 3,5 mg diarios (algunas veces puede ser necesario más) hasta obtener una respuesta satisfactoria o bien durante un período arbitrario de siete días. Posteriormente, se reducirá la dosis de 0,25 a 0,5 mg al día hasta alcanzar un nivel satisfactorio de mantenimiento. Enfisema o fibrosis pulmonar: el tratamiento generalmente se inicia con 2 a 3,5 mg diarios, en dosis repartidas, durante varios días hasta que se observe mejoría satisfactoria. Posteriormente se disminuirá la posología 0,5 mg cada dos o tres días hasta alcanzar la dosis de mantenimiento satisfactoria, generalmente entre 1 y 2,5 mg. Fiebre del heno rebelde (polenosis): la terapéutica debe dirigirse hacia una mejoría sintomática adecuada aunque no necesariamente total durante la estación de máxima producción de polen. El primer día debe administrarse 1,5 a 2,5 mg, en dosis repartidas, y posteriormente disminuir 0,5 mg diarios de la dosis total diaria, hasta que desaparezcan los síntomas. La dosis deberá entonces ajustarse manteniendo a este nivel durante la época culminante de la estación de polen (generalmente no más de 10 a 14 días) suspendiéndola desde ese momento. CELESTONE® Tabletas pueden suplir un tratamiento antialérgico adecuado solamente cuando sea necesario. Lupus eritematoso generalizado: la dosis terapéutica inicial adecuada es de 1 a 1,5 mg administrados tres veces al día durante varios días, aunque ocasionalmente se necesitan dosis mayores para obtener una respuesta satisfactoria. Enseguida se disminuirá gradualmente la dosificación hasta determinar la dosis de mantenimiento adecuada (generalmente entre 1,5 a 3,0 mg por día). Padecimientos dermatológicos: la dosis inicial varía de 2,5 a 4,5 mg al día hasta alcanzar un control satisfactorio, después de lo cual la dosis diaria se disminuirá de 0,25 a 0,5 mg cada dos o tres días hasta establecer una dosis satisfactoria de mantenimiento. En trastornos autolimitados y de corta duración, generalmente puede suspenderse sin peligro de recaídas una vez que se ha logrado control durante varios días del proceso. Para trastornos que necesiten tratamiento prolongado el régimen posológico es variable. Se aconseja al médico referirse a la literatura actual para detalles sobre las pautas de tratamiento en estos trastornos. Afecciones oftálmicas inflamatorias (segmento posterior): el tratamiento inicial es de 2,5 a 4,5 mg diarios en dosis repartidas hasta alcanzar un control satisfactorio, o durante un período arbitrario de siete días, cualquiera que sea el más corto. Enseguida se disminuye la dosis 0,5 mg diarios hasta alcanzar el nivel de mantenimiento para aquellos trastornos crónicos que requieran tratamiento continuo. En estados normalmente autolimitados o agudos se suspende el tratamiento después del período adecuado. Síndrome adrenogenital: la dosis debe individualizarse y ajustarse para mantener los niveles de 17-cetosteroides dentro de límites normales, resultando generalmente eficaces 1 a 1,5 mg diarios, en dosis repartidas. Dosis única diaria: para conveniencia del paciente y para asegurar un mejor cumplimiento del régimen posológico, la dosis total diaria de mantenimiento puede administrarse como dosis única, temprano por la mañana. Tratamiento en días alternos: debido a que la vida media biológica es prolongada (36 a 54 horas) este corticosteroide no se recomienda para la terapia en días alternos y se pueden tener efectos supresores asociados en el eje hipotálamo-hipófisis. Si se requiere un tratamiento oral prolongado, se debe considerar el esquema en días alternos utilizando corticosteroides de acción intermedia (prednisona, prednisolona o metilprednisolona).
Manifestaciones y manejo de la sobredosificación o ingesta accidental: No se espera que una sobredosis aguda con glucocorticosteroides, inclusive betametasona, dé lugar a una situación potencialmente fatal. Excepto en las dosis más extremas, es improbable que unos pocos días de administración excesiva de glucocorticoides produzcan daño si no existen contraindicaciones específicas, como en el caso de pacientes con diabetes mellitus, glaucoma o úlcera péptica activa, o en pacientes que estén tomando medicamentos como digital, anticoagulantes cumarínicos o diuréticos que eliminan potasio. Tratamiento: en el caso de una sobredosis se debe considerar una consulta a un centro de control de venenos. Se deberán considerar medidas para remover el fármaco no absorbido, ej. lavado gástrico. Por otra parte se deben tratar de modo apropiado las complicaciones resultantes de los efectos metabólicos de los corticosteroides o de los efectos lesivos de las enfermedades básicas o concomitantes, o las que sean el resultado de interacciones farmacológicas.
Presentación(es): CELESTONE® Tabletas: caja con 50 y 100 tabletas de 0,5 mg.
Recomendaciones sobre almacenamiento: Consérvese en lugar fresco y seco.
Leyendas de protección: Literatura exclusiva para médicos. No se deje al alcance de los niños. Si requiere mayor información, solicítela a la Dirección Médica al 5728-4422.
Nombre y domicilio del laboratorio: SCHERING-PLOUGH, S.A. de C.V., Av. 16 de Septiembre # 301, Xochimilco, 16090, México, D.F. ®Marca registrada.
Número de registro del medicamento: 56543 SSA IV.
Clave de IPPA: HEAR-04361203624/RM2004

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